A person walks along a sunlit street in El Madroño, surrounded by whitewashed buildings adorned with flowers during a clear day.
Como en el vecino pueblo de Berrocal, la fiesta de la Cruz de El Madroño cuenta con un elaborado ritual en el que entran en juego muchos significados, cuyo desentrañamiento se lo dejaremos a mi amigo el antropólogo Rufino Acosta, a quien acompañé para hacer este reportaje de la Cruz de Arriba el 10 de mayo de 2025. Espero que las fotos hagan justicia a la enorme fuerza de esta fiesta, de la que me quedo con el grito de los madroñeros, "¡Viva lo que nunca acaba!", que resume de manera tan precisa y hermosa la importancia crucial (nunca mejor dicho) del ritual, algo que tanto moerno no comprende y desprecia, en su camino nihilista a un mundo en el que todo sean suburbios de Milwaukee...