La idea de estas imágenes se me ocurrió hace unos meses escuchando “Rezaré” de Silvio en el coche. Recuerdo perfectamente por dónde iba, buscando el puente del Alamillo. Sonó en el equipo del coche la canción y de pronto me dije que quería hacer lo mismo que Silvio, que sumó todas sus devociones marianas de la Semana Santa en una canción, pero a mi manera, es decir, con la fotografía, porque cantar por desgracia no es lo mío. Yo ya había experimentado bastante con las exposiciones múltiples, ya fuera directamente con la cámara, o usando programas de edición como Photoshop. En realidad, como casi todo lo que se puede hacer con Photoshop, todo esto ya se hacía antes de lo digital, sólo que ahora es mucho más sencillo y puedes experimentar y corregir sobre la marcha. Así que pensé en crear una capa para cada una de las Dolorosas de Sevilla, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección, haciendo coincidir el óvalo de la cara de todas ellas y dándole a cada capa exactamente el mismo peso en el resultado final, para que esa imagen no fuese de ninguna de ellas, sino de todas a la vez. Aunque no soy un fotógrafo cofrade y ni siquiera una persona cofrade (no soy hermano de ninguna cofradía, aunque creo que mi hermana paga mi cuota de la Hermandad del Rosario de mi pueblo, como en su día hacía mi madre, QEPD), llevo muchos años, desde que me puse una cámara delante de los ojos a principios de este siglo, fotografiando por puro placer ese “hecho social total”, como define la Semana Santa de Sevilla un antropólogo hermano de los Negritos que todos conocemos y que fue mi profesor en la Universidad. De modo que me puse a buscar entre las más de cinco mil fotos de Semana Santa de mi base de datos, y me di cuenta de que me faltaban muy pocas imágenes para completar todas las capas, por lo que dediqué algunas semanas a visitar los templos que necesitaba para tener esas fotografías. En puridad, podrían emplearse fotos no sólo libres de derechos sino incluso de otros autores, ya que en el resultado final la participación de cada una de las fotos es muy pequeña y completamente indiscernible, y además la obra final es algo por completo distinto a las partes que la componen, por lo que no cabría en ningún caso hablar de un uso indebido ni mucho menos de plagio. No obstante, quise que todas las fotos fueran de mi autoría, lo que me dio tiempo, además, para ir perfeccionando la técnica de fusión de las capas. Conforme iba sumando imágenes, iba apareciendo en la pantalla del ordenador un rostro muy suave y dulce, que resultaba a la vez familiar pero que era imposible de identificar con ninguna Virgen de la ciudad. La suma de las capas hacía que la imagen se fuera difuminando, adquiriendo una textura como pintada con la técnica del sfumato. Como el trabajo me iba gustando, además de la Virgen pensé hacer exactamente lo mismo con el Señor, lo que supuso algunas semanas más de visitas a los templos y alguna que otra postura complicada para poder encuadrar más o menos de frente el rostro de algunas tallas. En ese momento empecé a enseñar la obra a algunas personas, tanto del mundo cofrade como del mundo artístico, con bastante criterio todas ellas, quienes unánimemente me dijeron que les gustaba y que les sorprendía, y me animaron a publicarlas, ya que pensaban que “Rezaré” (que es como por supuesto decidí llamar a ambas composiciones) resume de una manera novedosa y estéticamente atractiva la iconografía que en esta ciudad se ha ido creando en torno a las figuras de la Virgen y del Señor. Este trabajo, publicado en el nº de agosto de 2025 del Boletín del Consejo de Hermandades, lo he hecho con todo el respeto y el cariño que siento por las imágenes que, como sevillano, me han acompañado desde siempre y que, cuanto mayor voy siendo, más me conmueven, para sorpresa y lección de humildad del joven iconoclasta que una vez fui.